Cómo impartir disciplina o castigo a nuestros hijos?

 en Crianza

La Academia Americana de Pediatría ha endurecido su postura contra el castigo físico en los niños como una forma de disciplina parental.
Los pediatras recomiendan que los adultos que cuidan a los niños usen “formas saludables de disciplina”, como el refuerzo positivo de comportamientos apropiados, establecer límites y  expectativas. Todo esto en lugar del castigo físico como golpes, bofetadas, amenazas, insultos, humillaciones o vergüenzas.

El castigo físico o corporal se define como “golpes no perjudiciales y abiertos con la intención de modificar el comportamiento del niño” e indica que las nalgadas también se consideran una forma de tal castigo físico.
La academia afirma mediante estudios que se han encontrado asociaciones entre el comportamiento infantil y el castigo físico. Las consecuencias generalmente son síntomas depresivos en la adolescencia y hasta menos materia gris en el cerebro de los niños, entre otros resultados.

Cómo disciplinar sin castigar físicamente

Hay otras formas de disciplina que los padres pueden emplear, sin importar la edad de sus hijos.

De 0 a 2 años

Cuando tu bebé se te acerque gateando o corra hacia algún objeto peligroso o prohibido, díle sin perder la calma: “No”, y aléjalo de ese lugar o bien dirije su atención hacia otra actividad.

La técnica de la “penitencia” o “pausa obligada”, en la que se obliga al niño a pasar cierto tiempo solo y en un lugar sin estímulos o distracciones (por ejemplo, un rincón o una silla), puede ser eficaz con niños de 1 a 3 años. A un niño de dos años que ha estado molestando a otro niño o tirando la comida al suelo, se le debe explicar por qué ese comportamiento es inaceptable. Después se le debe llevar al área designada para la pausa obligada como por ejemplo, una silla de la cocina o el primer peldaño de las escaleras. Debes mantenerlo allí un minuto o dos para que se calme (dejarlo tiempos más largos no son eficaces con niños tan pequeños).
Recuerda no golpear a un niño de cualquier edad. Además lo más seguro es que los bebés y los niños pequeños no sepan establecer una conexión entre su comportamiento y el castigo corporal. Lo único que sentirían es el dolor de los golpes.

Dado que nuestros hijos aprenden observándonos, tratemos de ser un buen ejemplo para ellos. El hecho de recoger nuestras propias pertenencias será más eficaz que pedirles que recojan sus juguetes mientras dejamos nuestras cosas regadas en el suelo.

De 3 a 5 años

A medida que los niños crezcan y empiecen a entender la relación entre las acciones y sus consecuencias, asegurémonos de informarles sobre cuáles son las normas de la casa.

Es importante explicarles qué es lo que esperamos de ellos antes de castigarlos por su comportamiento inadecuado. La primera vez que tu hijo de tres años use los colores para decorar la pared de la sala, explícale por qué no debe hacerlo y que pasará si lo vuelve a hacer nuevamente. Por ejemplo, tendrá que ayudar a limpiar la pared y no podrá usar los colores durante el resto del día. Si días después tu hijo vuelve a decorar una pared de la casa, recuérdale que los colores son solo para pintar en sus cuadernos y haz cumplir las consecuencias.

Debemos transmitir a nuestros hijos: “Yo fijo las normas y tú debes escuchar y aceptar las consecuencias”. Aunque a veces resulte más fácil ignorar un comportamiento inaceptable ocasional o no imponer el castigo dicho, si actuamos de esa manera, sentaremos un mal precedente. Las amenazas vacías eliminan nuestra autoridad como padres, y hacen más probable que los niños crucen los límites. La coherencia y la consistencia a la hora de aplicar la disciplina son claves para una disciplina eficaz. Ambos padres deben decidir conjuntamente cuáles son las normas y aplicarlas de una forma consistente.

Recompensemos el buen comportamiento. No subestimes el efecto positivo que pueden tener tus elogios en tu hijo: la disciplina no consiste solamente en castigar, sino también en reconocer el buen comportamiento. Por ejemplo, decir: “Estoy orgulloso de que hayas compartido tus juguetes con otros niños” suele resultar más eficaz que castigar a un niño por el mal comportamiento de no compartir. Debemos ser específicos a la hora de elogiarlos, no solamente decirles: “¡Bien hecho!”. Debemos dejar claro cuáles son las conductas que nos gustan.

La “penitencia” también funciona bien con niños de esta edad. Se debe elegir un lugar apropiado y sin distracciones, como una silla o el primer escalón. Los niños no deberían recibir ningún tipo de atención por parte tuya durante la pausa, incluyendo el hablarle, el contacto visual y similares.

Sobre el tiempo, algunos expertos afirman que 1 minuto de “penitencia” por cada año de vida es una buena regla general; otros recomiendan alargar la penitencia hasta que el niño se haya tranquilizado (para que aprenda a autorregularse). Asegurémonos de que, si se aplica la penitencia porque no han seguido nuestras instrucciones, las deberá seguir después de haber concluido la penitencia.

Dígale a su hijo cómo se debe comportar, no sólo cómo no se debe comportar. Por ejemplo, en vez de decirle: “No se salta en el sofá”, puede decirle: “Por favor, siéntate en el sofá y pon los pies en el suelo.”

Seamos claros con las órdenes. En vez de decirles: “¿Les importaría ponerse los zapatos?”, decirles: “Por favor, pónganse los zapatos.” Esto no da pie a confusiones.

De 6 a 8 años

La “penitencia” y enunciar las consecuencias de la mala conducta también son estrategias disciplinarias eficaces para estas edades

Cumplir nuestra palabra a la hora de impartir disciplina o, si no, se arriesgará a perder toda autoridad. Los niños deben saber que hacemos lo que decimos. Esto no significa que no se puedan dar segundas oportunidades pero, por lo general, debemos ser consecuentes y cumplir nuestra palabra.

No usemos amenazas con castigos imposibles o nada realistas cuando estemos muy enfadados (“¡Vuelve a gritar y no volverás a ver televisión!”); si no cumplimos las amenazas, nuestra palabra perderá todo su valor. En otro ejemplo, si nos dirigimos a algún sitio, amenazamos con dar media vuelta y volver a casa si no dejan de pelear, debemos de hacer exactamente lo que ha dicho.
Los castigos exagerados pueden hacernos perder toda autoridad. Si castigamos por ejemplo al no dejarlos salir de casa todas las tardes durante un mes, lo más probable es que los niños no se sientan motivados a portarse mejor al darlo todo por perdido. Puede ayudar el hecho de establecer unas metas que ellos puedan cumplir para recuperar los privilegios que han perdido por portarse mal.

De 9 a 12 años

A los niños de estas edades, como en todas las demás, se les puede impartir disciplina apelando a las consecuencias naturales del mal comportamiento. A medida que vayan madurando y reclamen más independencia y responsabilidad, enseñarles a asumir las consecuencias de sus comportamientos será un método disciplinario apropiado y eficaz.

Por ejemplo, si tu hijo de once años no ha hecho aún los deberes a la hora de acostarse, ¿deberíamos prohibirle acostarse hasta que los acabe o darle una mano para que los acabe? La respuesta a ambas preguntas es “no” porque estaríamos desperdiciando la oportunidad de enseñarle una buena lección sobre la vida. Si el niño no hace los deberes, tendrá que ir al colegio al día siguiente sin ellos y cargar con la consecuencia de que le pongan una mala nota.

Es obvio que queremos evitar que los niños se equivoquen pero, a largo plazo, les haremos un favor si dejamos que cometan sus propios errores. Los niños comprueban qué puede conllevar un comportamiento inadecuado y lo más probable es que no vuelvan a cometer los mismos errores. De todos modos, si aún sigue portándose de forma inadecuada, debemos entonces establecer sus propias consecuencias para ayudarle a modificar su conducta. Cómo?, retirando privilegios.

A partir de los 13 años

A estas alturas, esperamos haber sentado las bases de la disciplina. Sin embargo, la disciplina es tan importante para un adolescente como para un niño pequeño. Del mismo modo que un niño de 4 años necesita que sus padres le fijen un horario para acostarse por la noche y lo respeten, un adolescente también necesita que le fijen límites.

Asegurémonos de fijar unas normas, las visitas de los amigos, la hora de volver a casa por la noche y las citas, y comentémoslas con ellos antes de aplicar sus consecuencias para que no haya malentendidos. Aunque lo más probable es que nuestros hijos protesten de vez en cuando, también se darán cuenta de que somos nosotros quienes tenemos el control. Aunque parezca mentira, los adolescentes todavía quieren y necesitan que les fijen límites y les impongan un orden en sus vidas.

Cuando nuestros hijos en edad adolescente se salten una norma, retirarles privilegios será el mejor plan a seguir. Aunque, por ejemplo, le puede prohibir usar el carro familiar durante una semana, asegurémonos también de explicarle por qué llegar a casa pasada la hora fijada es preocupante e inaceptable.

Debemos también permitirles tener cierto grado de control sobre sus cosas. Esto no solo reducirá sus luchas de poder, sino que también ayudará a que respeten las decisiones que todavía debemos tomar por ellos.

Los padres pueden usar esa relación para enseñar a sus hijos la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto sin insertar violencia, vergüenza y humillación en esa relación. Como resultado, es más probable que los niños crezcan sintiéndose seguros y positivos, sabiendo cómo regular su propio comportamiento.

Por Roberto T para CITYKIDS

Mostrando 2 comentarios
  • Karol
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    No estoy de acuerdo en cuanto a que el niño se vaya sin hacer su tarea, si bien es cierto que si estuvo jugando en la tarde en vez de hacer su tarea, por ejemplo, la responsabilidad de él es cumplir con la obligación de realizar la tarea o compromiso que se le impuso en su colegio. Ahí debería estar el padre de familia y/o cuidador advirtiendo que si no hace su tarea en vez de jugar, no podrá acostarse hasta acabar y al otro día cuando sienta el cansancio físico y tal vez dolor de cabeza y sueño, no volverá a dejar sus pendientes para último momento.

    • citykids
      Responder

      Gracias por compartirnos tu opinion. Cada padre sabe que es lo mejor para sus hijos y tu punto es muy valido e imparte disciplina.

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